Una producción de estudiantes del Conservatorio Juan Pérez Cruz de Junín

A lo largo de la historia, el ser humano ha trazado caminos en pos de alcanzar la perfección tanto en las artes como en otras diversas áreas. En el caso de la música, durante el siglo XX se buscó dominar todos los elementos existentes para conjugarlos dentro de una misma obra musical. De esta manera, a nuestra mano han llegado partituras en donde no quedan librada al azar ninguna posibilidad. Indicaciones de tempo, articulaciones, dinámica, modos de ejecución y demás están plasmados en la partitura, asegurándose que el compositor, que el intérprete, tal vez, al otro lado del mundo, ejecute la pieza tal como él la imaginó.

Bajo esta nueva concepción de la música, donde nada escapa al control de la partitura, se desprenden dos misiones. Por un lado, la seguridad de interpretar en exacta medida todas las indicaciones del compositor y alcanzar de esta manera una perfecta interpretación. Por otro lado, el hecho de tener ante los ojos una partitura que no ofrece ninguna posibilidad de cambio o interpretación, nos sumerge en un cambio aburrido y predecible. Se terminan las sorpresas tanto para el ejecutante como para el público. Como modo de contrarrestar esta restricción, nace en 1950 la Música Aleatoria o de Azar.

Una de las grandes revoluciones que genera, es la de poner al intérprete en el rol principal. Es él quien decide la estructura de la obra, y no sólo eso, sino que tiene la autoridad de regular cada elemento de la partitura. Uno de los precursores del movimiento fue John Cage, en sus obras, la indeterminación es el factor principal y la libertad del compositor, muy reducida. Afirmó, en cierta ocasión, que le gustaría que sus obras abiertas no se considerasen nunca acabadas, aunque cada ejecución tenga, naturalmente, carácter definitivo.

Una obra significativa de Cage es Música de cambios, en la que tiraba monedas, y utilizaba los resultados para elegir configuraciones del I’ Ching (un libro oráculos chinos) que a su vez conducía a la elección de alturas, duraciones, dinámicas, entre otros.

Otro compositor prolífico, que también ha implementado esta técnica, es Leo Brouwer. Se destaca la obra Tarantos, para guitarra. En su ejecución, el intérprete deberá elegir entre dos grupos de elementos: enunciados y facetas. El orden para ejecutarlos, es completamente aleatorio, así como también todo elemento que no esté enunciado en la obra. Dado que son seis elementos, en cada grupo, el intérprete puede lanzar un dado y así ordenarlos para su ejecución, obteniendo cada vez, una nueva pieza.

Viajaremos en el tiempo, hacia finales de los años ’40. Acaba de terminar la Segunda Guerra Mundial, Europa se estaba reconstruyendo, y a la par, surgen avances tecnológicos que repercutían en la música y la aparición de nuevas corrientes.

En 1948, a partir de una serie de investigaciones del ingeniero Pierre Schaeffer, nació lo que él mismo denominó, Música Concreta, producida por el sonido de cualquier objeto por ejemplo: clavos cayéndo sobre una fuente metálica, agua fluyendo de una canilla, una puerta al cerrarse.

Un antecedente se registra con el pintor y compositor futurista Luigi Russolo, considerado el primer compositor de música experimental cuando en 1913 creó la máquina generadora de ruidos Intonarumori.

El uso de cintas magnetofónicas permitió nuevas variables, entre ellas, la superposición de sonidos, la reproducción sucesiva de dos cintas idénticas, la edición de trozos de cinta cortados y pegados en un nuevo orden, los cambios de velocidad en la reproducción y la reproducción invertida.

Otros compositores de esta música fueron Pierre Henry, Iannis Xenakis, Edgar Varese y Krzysztof Penderecki. Este último, autor de muchas obras orquestales en las que desarrollo un estilo muy novedoso y sorprendente, utilizando efectos de instrumentos de cuerda, voces humanas y también varios tipos de ruido.

Este movimiento surge en la decada del ’60 en Estados Unidos, en contraposición al Serialismo Europeo. Supuso un regreso a la tonalidad, contrario al dodecafonismo impulsado por el Serialismo.

El Minimalismo es armónico y melódico, se basa en cambios muy lentos, casi imperceptibles en las frases musicales. Da la impresión de que las notas se repiten una y otra vez hasta el infinito. La duración de las obras puede extenderse desde los 10 minutos hasta las 5 horas.

Es de vital importancia la influencia de la música oriental. Cuando escuchemos obras Minimalistas, nos va a dar la sensación de que estamos escuchando un mantra para meditar o hacer yoga. Otras característica de la música minimalista son:

Armonía estática, es decir, la tendencia a permanecer en un mismo acorde

Instrumentación estática, lo que no quiere decir que se utilice un sólo instrumento, sino que varios instrumentos participan por igual en la obra.

Inexistencia de instrumentos principales, cada intérprete puede salir y volver a entrar en la obra cuando desee.

Ritmo estático

Repetición de breves motivos

Además de estas características puras y exclusivamente musicales, se utilizan los avances tecnológicos de la época, como lux, samples y sintetizadores. Los principales exponentes del género son estadounidenses: La Monte Young, Terry Riley, Steve Reich y Phillip Glass.

Es un metodo de composición que surge en el siglo XX con el austríaco Anton (von) Webern. Su obra se caracteriza por las composiciones de corta duración como Seis bagatelas.
Aunque el Serialismo Integral es exclusivo de compositores de madurez, tras la Segunda Guerra Mundial, las primeras obras son fruto de un artistas de la anterior generación, Olivier Messiaen. El francés creó una forma de componer rigurosa y objetiva, que refleja su tendencia a tratar las características individuales del sonido músical. De ahí nace el Serialismo Integral, generado en la Escuela de Darmstadt, en Alemania. Entre sus compositores sobresalen el alemán Stockhausen y el francés Pierre Boulez.

El metodo de composición consiste en asignar a cada nota musical un color y un número, el color delimitará la altura musical de cada nota, y el número determinará su duración. Por ejemplo, 1 naranja, 2 marrón, 3 violeta, 4 verde, 5 azul. Imaginemos que estamos componiendo una obra y al principio colocamos: 1 naranja, 4 verde y 5 azul, y eso sería la obra. No importa el orden, se repetirá aleatoreamente pero el número y el color jamás van a cambiar, serán siempre los mismos.